Bisaurín ( 2.664 m )

18 de enero de 2.003:
Objetivo: Bisaurín
Salida: Refugio de Lizara
Llegada: Refugio de Lizara
Tiempo: 3h subir - desnivel 1.100 m
Refugio: Refugio de Lizara
Metereología: Despejado y niebla

Hacia el collado de Foratón, a la vista la pala de subida del Bisaurín

Datos GPS para

Montañeros: Iñaki, Jabi, Xabi.

Hoy en día muchos pirineistas centran su atención en los tresmiles, olvidándose que hay otros bonitos y exigentes montes que no llegan a la psicológica barrera de los tresmil metros. Y uno de esos montes es el Bisaurín.

Tiene varias rutas, las más transitadas son las que parten desde los refugios de Gabardito y de Lizara, ambos en el valle de Echo. La que explico aquí es la que partiendo del refugio de Lizara llega al collado de Foratón y desde aquí comienza a subir por la cresta a la cima del Bisaurín. La subida a partir del collado es bastante dura, sobre todo en un tramo de la segunda mitad de la pala, donde el monte se empina mucho y que habitualmente se encuentra helado.

El fín de semana anterior a esta salida hubo una ola de frío, en la que en las zonas altas los termómetros bajaban más de 10 grados bajo cero y nevaba a cotas muy bajas. Los días de la siguiente semana en la zona del Bisaurín fueron fríos pero totalmente despejados. Habiendo visto esas condiciones, decidimos partir ese sábado para subirlo, ya que para el domingo estaba previsto que entrase un frente que dejaría mucha agua en los pirineos.

El sábado salimos a las 6 de la mañana desde Bermeo para reunirnos a la salida de Gazteiz con un amigo de Laudio, al cual conocimos ese verano en unas vacaciones en Alpes.
Tras pasar el embalse de Yesa y llegar a Puente la Reina, cogimos la carretera que va a Echo y tras unos 10km cogimos a mano derecha la estrecha carretera que sube a Lizara. La verdad es que eran más de la 10 de la mañana y el termómetro marcaba -1ºC y la carretera estaba escarchada para más adelante estar totalmente helada. En cuanto la carretera se empinó el coche empezó a patinar y allí lo dejamos aparcado junto a otros que habían llegado antes. Teníamos por delante unos 3km hasta llegar al refugio de Lizara caminando por la carretera.

Carretera hacia el refugio a Lizara. 

Una vez en el refugio de Lizara, donde encontramos a varios coches que subieron la tarde anterior, ya vemos la mole del Bisaurín detrás del edificio del refugio.

Refugio de Lizara con el Bisaurín al fondo.

El refugio se encuentra a algo más de 1.500m lo cual le permite tener una bonitas vistas de conicidos montes como el Aspe y La Mesa.

Al fondo el Aspe Al fondo la Mesa

El recorrido al principio es muy cómodo, a penas se gana altura, de hecho tendremos una gran pradera antes de la subida que nos lleva al collado de Foratón. Esta subida al collado es el calentamiento para la pala que nos queda por delante.

Collado de Foratón

Collado de Foratón

Como podreís observar, el tiempo era estupendo, totalmente despejado y en esta esplanada al no pegar el viento sobraba toda la ropa. En cuanto empezamos a subir la cuesta hacia el collado comenzó una ligera brisa que se agradecía mientras subiamos pero que más adelante lo lamentaríamos.

Nada más llegar al collado de Foratón una nube cubrió toda la subida al Bisaurín, cuya humedad unido al frío intenso y al viento congelaba todo. De hecho al principio subía con la cabeza descubierta pero poco después se me empapó la cabeza y se me congeló todo el pelo. Ese hielo me provocaba un dolor intenso de cabeza así que me lo cubrí con el buff que llevaba en el cuello. Además cuando salimos del coche decidí no llevar los pantalones de Gore-tex por el día tan bueno que salió, al final llegué empapado. Es un ejemplo de cómo en 5' el tiempo en la montaña puede cambiar totalmente.

Subiendo hacia el collado de Foratón

Hacia el collado de Foratón, a la vista la pala de subida del Bisaurín

Cuando llegamos al collado vimos la cantidad de gente que subía con esquies o con la tabla de snow en la mochila para luego bajar toda la pala montados en ella. La verdad es que el 80% de los que subimos ese día lo hacían con la snowboard en la espalda. No molestaban porque a pesar de que cuando se nos echó la niebla encima no se veía a 5 metros, bajaban con mucho cuidado ya que sabían que subía más gente.
El problema es que no respetaban la huella que se hacía para subir, la cual era de gran ayuda por la mínima visibilidad, y la borraban pasando por ellas. La verdad es que subiendo como vas mucho más lento, te puedes fijar mucho más en las huellas de las puntas de los crampones de la gente que iba por delante, pero a la bajada con las ganas que teníamos de bajar por el frío pues hubo un momento en que perdimos la huella, pero enseguida nos orientamos.

Además, el peligro de estos esquiadores es que tal y como nos pasó, es que a uno que bajaba, tras caerse se le soltó un ski y empezó a bajar la pala como un tiro. El dueño ya gritó pero debido a la niebla espesa nadie veía nada, y dentro de la mala suerte hubo suerte, ya que le pegó en la bota a una mujer que también subía con esquies. Y digo suerte por que las botas de los esquiadores son muy duras y acolchadas, si llegase a darle a alguien con botas de cuero seguramente ya no bajaría por su propio pie.

Inicio de la pala desde el collado de Foratón.

Las condiciones de la nieve no eran muy buenas, por debajo era hielo y por encima una capa de unos cuantos centímetros de nieve húmeda, lo cual dificultaba el agarre de los crampones en la zona más empinada de la pala, sin olvidarse de la posibilidad de pequeñas aludes. En cambio en la cima la nieve era polvo y formaba impresionantes cornisas.

Cornisa en la cima del Bisaurín. 

En la cima no se podía estar del frío y fue llegar, sacarnos la foto de rigor y empezar a bajar. A la cima llegué con las manos calientes, pero fue quitarme un guante para sacar la cámara de su funda y volver a ponérmelo. En esos 10 segundos los dedos me quedaron totalmente insensibles e inmóviles. Bajando, a media cuesta me empezaron a entrar en calor con su característico dolor.

Pero lo peor quedaba por llegar y es que cuando empezamos a bajar la zona más empinada uno de nosotros se tropezó y empezó a caer cuesta abajo, el piolet lo llevaba en la mochila, pero llevaba bastón así que tan pronto le vi empezar a caer el grité ¡¡¡¡para con el bastón!!!! pero enseguida desapareció entre la niebla. Le gritamos haber si estaba bien pero no obteníamos respuesta, la verdad es que estaba preocupado porque había una zona de rocas por la que tendría que haber pasado. Seguimos bajando hasta llegar a la zona de rocas y un grupo de esquiadores que estaba allí nos dijo que nuestro compañero no se pegó contra ninguna roca pero que siguió resbalando cuesta abajo. Les pregunté por dónde para intentar seguir el rastro que dejaba y así dar con él. Volvimos a gritar (la niebla no dejaba ver más allá de 10m) y esta vez nos respondió de que estaba bien, más tranquilos bajamos en la dirección de su voz hasta dar con él. Nos dijo que estaba bien que no se había pegado contra ninguna roca ni con los crampones. Eso sí, nos enseñó los guantes totalmente desgastados por intentar pararse con ellos. No se lo creía, pero había bajado cerca de 100m resbalando por la zona más empinada del Bisaurín. A partir de ese lugar donde paró bajó con el piolet en la mano.

Guantes rotos

Texto: Xabier Goikoetxea
Fotografía: Xabier Goikoetxea


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